Hay momentos en un viaje que no se pueden fotografiar del todo bien. No porque la luz sea mala o porque la cámara falle, sino porque lo que ocurre es demasiado quieto, demasiado real, y la pantalla lo aplana.
Lo que vivimos en el Lago Razim, a bordo de una lotca de madera construida a mano, fue uno de esos momentos.
Te lo contamos tal como pasó.
El Delta que no sale en los folletos
Cuando la mayoría de los viajeros piensan en el Delta del Danubio, imaginan lanchas a motor, pelícanos fotografiados desde una cubierta, y guías con megáfono. Y sí, eso existe. Hay cruceros, hay circuitos organizados, hay hoteles flotantes.
Pero hay otra cara del Delta, más quieta y más difícil de encontrar.
Para llegar a ella hay que alejarse de Tulcea, de los canales concurridos, de los barcos rápidos. Hay que seguir la orilla sur del Delta hasta un pueblo lipovano llamado Sarichioi, junto al Lago Razim — el lago más grande de Rumanía y uno de los menos conocidos en español. Allí, si tienes suerte, te encuentras con Alex.
Alex Onofrei: el hombre que construye barcas con las manos

Alex Onofrei tocando el acordeón a bordo de su lotca, en el Delta del Danubio
Cuando llegamos al embarcadero de Sarichioi antes del amanecer, Alex ya estaba allí. Con una camiseta de trabajo, el acordeón colgado al hombro y una sonrisa tranquila que te hace sentir que llegas tarde a algo bueno que ya ha empezado sin ti.
Alex tiene veintitantos años y es, según nos contó sin ningún dramatismo, el único «marangoz» activo de Rumanía: el último artesano que todavía construye lotcas de madera siguiendo las técnicas tradicionales de los pescadores lipovanos. Aprendió el oficio del último marangoz del Delta — un anciano al que se acercó a preguntar, con la misma naturalidad con que uno pide direcciones — y desde entonces no ha parado.
En su taller de Tulcea, cada pieza de madera sigue la forma del esqueleto de un pez. No es metáfora: la lotca está diseñada así, arqueada y equilibrada, para moverse en el agua como si fuera parte de ella. Construir una lleva meses. Cuesta alrededor de 10.000 euros. Y aun así, hay lista de espera.
Pero Alex no solo construye barcas. Ha organizado la primera regata de lotcas con vela de la historia de Rumanía, ha diseñado un kit educativo para que niños y adultos puedan montar una maqueta en casa, y en 2026 llevó su lotca hasta el Mediterráneo — la navegó en el Festival Internacional de Tradiciones Marítimas de Sète, Francia, ante un público que nunca había visto nada igual. Cuando le preguntamos qué sintió al ver su barca en el mar, se encogió de hombros y dijo: «Lo importante es que flotó bien.»
Salida a las 06:00. El lago en llamas
Embarcamos antes de que hubiera luz suficiente para ver el agua. Solo se oía el chapoteo suave contra el casco y el canto de los pájaros, que en el Delta empiezan mucho antes que los humanos.
La lotca es diferente a cualquier barco en el que hayas viajado. Es baja — casi al nivel del agua — y ancha, y se mueve con una estabilidad que no esperas de algo tan antiguo. No hay motor que vibre bajo los pies. No hay parabrisas entre tú y el lago. El agua está a unos centímetros de tu mano.
Cuando el sol empezó a asomarse por detrás del horizonte, el Lago Razim se convirtió en algo que no sabemos muy bien cómo describir. El cielo pasó del negro al naranja oscuro, luego al rojo encendido, y el lago lo reflejó todo con tanta precisión que costaba distinguir dónde terminaba el agua y empezaba el aire.
Alex paró un momento. No dijo nada. No hacía falta.

La Isla Popina: silencio absoluto en mitad del lago
La Isla Popina surge del agua como algo que no debería estar ahí — una masa de tierra rojiza y desnuda, rodeada de lago por todos lados, sin una sola construcción visible. Es una reserva natural, y se nota: los pájaros aterrizan y despegan sin prestar ninguna atención a los humanos que llegamos en barca.
Hay que advertir algo: durante el trayecto es muy probable que os mojéis un poco. La lotca navega tan cerca del agua que las olas pequeñas alcanzan el interior de la embarcación. Alex nos avisó antes de salir. Es parte del trato, parte de lo que hace que la experiencia sea real y no un decorado.
Pasamos un buen rato en la isla, en silencio. Luego Alex abrió la caja de madera que había traído a bordo, sacó pan casero, queso de la zona, pescado ahumado y una botella de vino blanco del Danubio. Comimos en la orilla, con los pies en la arena, mirando el lago.

Desayuno tradicional junto a la lotca en la orilla del Lago Razim
Qué hacer en el Delta del Danubio: esto, antes que nada
Si estás planeando un viaje al Delta del Danubio y buscas algo que no sea el circuito estándar, esta excursión es lo primero que te recomendamos reservar.
Algunos datos prácticos:
- Duración: 3 a 4 horas
- Hora recomendada: salida ~06:00 h para coger el amanecer; también disponible al atardecer
- Punto de salida: Sarichioi, orillas del Lago Razim
- Grupo: pequeños grupos, máximo 12 personas
- Organiza la excursión: Alex Onofrei a través de la Asociación Nod în Papură.
La experiencia es apta para cualquier nivel físico. No hace falta saber navegar, no hace falta nada especial. Solo ganas de estar quieto un rato.
Por qué Sarichioi es diferente
Mucha gente visita el Delta del Danubio por Tulcea o por los canales del norte. Pocos llegan hasta el Lago Razim y el pueblo de Sarichioi. Es un error.
Sarichioi es una aldea de mayoría lipovana — una comunidad eslava ortodoxa que lleva siglos en el Delta, con su propio idioma, su propia música y sus propias formas de relacionarse con el agua. Los amaneceres y atardeceres aquí tienen una calidad de luz que cuesta creer que sea real. El lago es enorme y casi siempre está en calma. Y el ritmo del lugar — lento, sin urgencias — te va calando sin que te des cuenta.
Alex es de aquí. Y se nota que cuida mucho lo que ofrece, precisamente porque lo conoce de verdad.
Una última cosa
En algún momento del regreso, Alex cogió el acordeón — sí, lo lleva en la barca — y tocó una melodía que no conocíamos y que probablemente no vamos a encontrar en ninguna playlist. Era una canción del Delta, nos dijo. De las que se tocan cuando el lago está en calma.
Eso tampoco se puede fotografiar bien.
Pero sí se puede recomendar.






